- Telegram nació como alternativa a WhatsApp y hoy destaca por su enfoque en la nube, la privacidad avanzada y un ritmo de innovación muy superior.
- Ofrece funciones potentes que WhatsApp no iguala: edición y borrado sin límite, supergrupos, canales, bots, almacenamiento masivo y personalización extrema.
- Muchas novedades populares de WhatsApp llegan años después de estrenarse en Telegram, lo que mantiene una fuerte competencia beneficiosa para los usuarios.

Si te interesa la tecnología y estás un poco cansado de que todas las conversaciones pasen siempre por WhatsApp, seguro que te suena Telegram. Desde que WhatsApp cambió sus políticas de privacidad y empezó a compartir más datos con Meta, muchos usuarios se han ido fijando en mejores alternativas a WhatsApp que ofrezcan más control, más funciones avanzadas y, sobre todo, más tranquilidad con sus chats.
Telegram se ha convertido con el tiempo en el rival más serio de WhatsApp: ha superado los cientos de millones de usuarios activos, ha ido lanzando funciones a un ritmo muy superior y, para rematar, muchas de esas ideas han terminado llegando a WhatsApp años después. Aun así, las dos apps se parecen bastante en lo básico, por lo que puedes usar ambas sin volverte loco ni tener que aprenderlo todo desde cero.
Contenido
- 1 Telegram vs WhatsApp: por qué compiten tanto
- 2 Qué es Telegram y en qué se diferencia de WhatsApp
- 3 Funciones básicas que Telegram hace mejor (o antes) que WhatsApp
- 4 Privacidad y control: chats secretos, autodestrucción y número oculto
- 5 Editar, borrar y gestionar mensajes con mucha más libertad
- 6 Grupos gigantes, canales y una gestión avanzada de comunidades
- 7 Bots, juegos y miniherramientas integradas en los chats
- 8 Personas cerca, grupos locales y Telegram como red social
- 9 Personalización extrema: temas, texto, stickers y máscaras
- 10 Edición de fotos y vídeos dentro de la app
- 11 Almacenamiento en la nube, caché y gestión del espacio
- 12 Notificaciones, silencios y control fino de las alertas
- 13 Orden, carpetas y herramientas para no perderse entre tantos chats
- 14 Funcionalidades específicas en escritorio y versión web
- 15 Funciones que WhatsApp ha copiado (y las que todavía le faltan)
Telegram vs WhatsApp: por qué compiten tanto
WhatsApp sigue siendo el rey con más de 2.000 millones de usuarios en todo el mundo, pero la realidad es que Telegram se ha ganado a pulso la fama de ser la app “para los que quieren algo más”. No solo por privacidad, sino porque llega antes con funciones nuevas y las suele pulir mejor que su competidor verde.
Mientras WhatsApp tarda años en incorporar opciones como los canales, encuestas o mensajes que se editan, Telegram lleva tiempo ofreciéndolas, afinándolas y extendiéndolas a todas sus plataformas, desde el móvil hasta el escritorio, pasando por la versión web, sin necesidad de que el teléfono esté encendido.
El propio Pavel Durov, fundador de Telegram, ha presumido públicamente de esta carrera. Ha llegado a enumerar decenas de funciones que Telegram lanzó primero y que WhatsApp fue copiando con mucho retraso: canales, stickers, edición de mensajes, vista previa de enlaces, chats de voz y un largo etcétera.
Irónicamente, Telegram nació unos años después que WhatsApp y, en ese sentido, podría parecer que fue la “copia” inicial. Pero la evolución ha sido muy distinta: WhatsApp empezó siendo más simple y ha ido añadiendo parches; Telegram, en cambio, se concibió desde el principio como una plataforma en la nube, extensible, con API abierta y preparada para crecer con funciones que se salgan del simple chat.
Qué es Telegram y en qué se diferencia de WhatsApp
Telegram es una aplicación de mensajería instantánea multiplataforma, disponible en Android, iOS, web y escritorio (Windows, macOS, Linux), que funciona siempre sincronizada con la nube. Eso significa que puedes entrar desde el móvil, el ordenador o la tablet y tener todos tus chats, archivos y ajustes al momento, sin depender de que el teléfono esté encendido, como ocurre con WhatsApp Web o WhatsApp Desktop.
Fue creada por los hermanos Pavel y Nikolai Durov y lanzó su primera versión en 2013. Utiliza un protocolo propio optimizado para manejar gran cantidad de conexiones y tráfico. Esa base técnica es la que permite cosas como enviar archivos gigantes, usar varios dispositivos a la vez o tener un historial completo de grupos con miles de personas sin que la app se vuelva un drama.
La gran diferencia de fondo frente a WhatsApp es que Telegram vive en la nube de forma nativa. Tus mensajes normales se almacenan cifrados en sus servidores, lo que hace posible recuperar archivos antiguos, mover chats entre dispositivos o usar la app aunque tu móvil esté apagado o sin batería.
En cambio, WhatsApp se ha basado históricamente en un sistema ligado al teléfono y a las copias de seguridad, con limitaciones importantes en tamaño de archivos, en número de personas por grupo y en cómo se sincronizan los mensajes entre dispositivos, aunque está intentando corregir parte de ese retraso con sus últimas versiones multidispositivo.
Funciones básicas que Telegram hace mejor (o antes) que WhatsApp
En lo esencial, las dos apps permiten lo mismo: enviar mensajes de texto, fotos, vídeos, documentos y notas de voz, crear grupos, hacer llamadas de voz y videollamadas, compartir tu ubicación o reaccionar a mensajes. Pero Telegram ha ido subiendo el listón con detalles que cambian mucho el día a día.
Para empezar, Telegram permite enviar archivos de hasta 2 GB por elemento, frente a los límites mucho más modestos de WhatsApp. Puedes mandar documentos grandes, vídeos pesados o incluso usar la app como “puente” para pasar archivos entre tu ordenador y tu móvil sin tener que tirar de discos externos ni nubes de terceros.
Además, la forma en la que reproduce audios y vídeos es más flexible: puedes escuchar notas de voz mientras cambias de chat o incluso salir de la app, reproducir contenido en streaming sin descargarlo entero primero y acelerar el audio (2X) para no perder media vida escuchando monólogos de diez minutos.
En Telegram también puedes volver a descargar archivos que borraste del móvil: al estar guardados en la nube, basta con tocarlos otra vez para recuperarlos, mientras que en WhatsApp es habitual encontrarse con el típico mensaje de que el archivo ya no existe en el almacenamiento local.
Privacidad y control: chats secretos, autodestrucción y número oculto
Si lo que te preocupa es la privacidad, Telegram ofrece varias armas que WhatsApp no ha replicado del todo. La más conocida son los chats secretos con cifrado de extremo a extremo, que solo existen y se pueden leer en los dispositivos implicados: no se almacenan en la nube y no pueden sincronizarse con otros aparatos.
En estos chats secretos puedes activar temporizadores para que los mensajes se autodestruyan pasado un tiempo, impedir que se reenvíen y, además, bloquear o notificar las capturas de pantalla. Es un modo pensado para conversaciones especialmente sensibles, donde prefieres dejar el menor rastro posible.
Telegram también permite enviar fotos y vídeos que desaparecen tras ser vistos en cualquier chat, no solo en los secretos. Al adjuntar la imagen puedes fijar un temporizador, de manera que, una vez que el receptor la vea, se borre automáticamente del chat después de unos segundos.
Otro punto clave es el número de teléfono. En WhatsApp tu identidad está totalmente ligada a tu número de móvil, que es visible para tus contactos. En Telegram, en cambio, puedes definir un alias o nombre de usuario y usarlo como forma principal de contacto, sin revelar nunca tu número real si no quieres.
Desde los ajustes de privacidad es posible incluso ocultar el número por completo, controlar quién puede reenviar tus mensajes con enlace a tu cuenta, quién puede llamar, quién ve tu última conexión y tu estado en línea, tus fotos de perfil o desde qué grupos y canales te pueden añadir. Todo esto se remata con la opción de añadir excepciones muy concretas para contactos específicos.
Editar, borrar y gestionar mensajes con mucha más libertad
Uno de los gestos más cotidianos donde Telegram le saca varios cuerpos de ventaja a WhatsApp es el manejo de los mensajes ya enviados. Si cometes una falta o te equivocas de grupo, no estás condenado a borrar y reenviar como ocurre la mayor parte del tiempo en WhatsApp.
En Telegram puedes editar los mensajes de texto después de enviarlos, corrigiendo erratas o matizando lo que has dicho. Basta con mantener pulsado el mensaje y elegir la opción de edición para cambiar el contenido sin necesidad de eliminarlo. El chat mostrará que ha sido editado, pero de forma discreta.
También tienes mucha más libertad para borrar: Telegram permite eliminar mensajes, fotos, audios, vídeos o documentos en cualquier momento, incluso años después, y elegir si quieres que se borren solo para ti o también para el resto de participantes del chat, sin dejar rastro visible de que allí había algo.
Además de borrar mensajes individuales, puedes vaciar un chat completo y escoger la opción de “vaciar también para la otra persona”, algo muy útil si en algún momento has compartido información delicada y prefieres que desaparezca de ambos lados de la conversación.
Telegram también deja fijar mensajes dentro de un chat (no solo fijar la conversación en la lista general), de manera que el aviso importante de un grupo grande, un enlace clave o unas instrucciones concretas se queden arriba y accesibles para todo el mundo sin perderse entre cientos de mensajes nuevos.
Grupos gigantes, canales y una gestión avanzada de comunidades
En el terreno de los grupos, Telegram juega directamente en otra liga. Mientras WhatsApp limita los grupos a algo más de mil participantes, en Telegram puedes crear supergrupos de hasta 200.000 usuarios, con herramientas específicas para que aquello no se convierta en un caos total.
Los administradores disponen de permisos muy granulares para decidir quién puede enviar mensajes, adjuntar contenido multimedia, publicar enlaces, usar stickers y GIF, hacer encuestas, añadir usuarios o incluso editar la información del grupo. También pueden activar un modo lento para obligar a que pase un tiempo mínimo entre mensajes de un mismo miembro, lo que ayuda a que se pueda leer todo sin volverse loco.
Si el grupo es muy grande, los administradores tienen acceso a un historial de acciones recientes que les muestra qué han hecho los demás administradores en las últimas horas: expulsar a alguien, cambiar permisos, fijar mensajes, etc. También pueden decidir si los recién llegados ven o no el historial completo del grupo desde el principio.
En paralelo a los grupos están los canales, uno de los grandes inventos de Telegram que WhatsApp ha tardado años en imitar. Un canal es básicamente una vía de difusión en la que solo los administradores pueden publicar mensajes a miles o millones de suscriptores, que a su vez pueden reenviar ese contenido pero no escribir directamente en el canal.
Crear un canal es tan simple como elegir nombre, foto, descripción y decidir si será público o privado. Puedes darle un enlace propio para invitar a la gente y, si quieres, permitir comentarios a través de un grupo asociado. Para seguir canales de otros basta con buscarlos o entrar desde enlaces compartidos por amigos o en la web.
Bots, juegos y miniherramientas integradas en los chats
Donde WhatsApp apenas ha rascado superficie, Telegram ha montado un auténtico ecosistema alrededor de los bots. Un bot no es más que un usuario automatizado que responde a comandos o mensajes, pero en la práctica funcionan como pequeñas apps dentro de la propia plataforma.
Hay bots para casi todo: consultar la previsión del tiempo, seguir resultados deportivos, hacer recordatorios, traducir textos, recibir y contestar correos de Gmail, gestionar listas de tareas, crear encuestas avanzadas o incluso descubrir otros bots. Algunos son “inline”, es decir, no hace falta añadirlos a un chat, basta con mencionarlos con @ en cualquier conversación.
Otros bots son independientes y se usan en chats privados o grupos. Se activan también escribiendo @ seguido del nombre del bot. Esto ha permitido que Telegram se convierta en algo más que mensajería: hay canales musicales que funcionan casi como Spotify casero, bots de proxy para saltarse censuras en ciertos países o juegos completos que se ejecutan dentro de la aplicación.
A esto se suman los pequeños minijuegos ocultos al enviar determinados emojis, como el balón de fútbol, la pelota de baloncesto, el dado o la tragaperras. Cuando mandas uno de estos emojis, puedes jugar tú y el resto de participantes; el resultado se reproduce en el chat y da un toque bastante curioso a las conversaciones.
Para los usuarios más avanzados, Telegram incluso esconde un modo desarrollador accesible sin root en la versión móvil. Desde ahí se pueden tocar parámetros internos de la app, ver información técnica y probar funciones experimentales que no están a la vista del usuario normal.
Telegram también ha ido extendiéndose hacia el terreno social. Una de sus funciones más llamativas es “Personas cerca”, que te permite ver usuarios y grupos públicos a pocos kilómetros de tu ubicación, siempre que ellos hayan decidido hacerse visibles.
Desde ese menú puedes encontrar gente con la que chatear en tu barrio, unirte a grupos de vecinos, colectivos de voluntariado, comunidades de aficionados a algún hobby o crear tu propio grupo local con usuarios que estén físicamente en la misma zona.
Estos grupos locales tienen sus propias particularidades: solo puedes crear un número limitado por cuenta y, por diseño, siempre son públicos para facilitar que cualquiera pueda encontrarlos desde la sección de personas cercanas.
Gracias a esta mezcla de mensajería clásica, canales de difusión y opciones de descubrimiento de gente, Telegram hace las veces de red social ligera, en la que puedes ir más allá de tus contactos de agenda, algo que en WhatsApp está muy acotado al círculo de personas cuyo número de teléfono ya tienes.
Personalización extrema: temas, texto, stickers y máscaras
Si te gusta trastear con el aspecto de las aplicaciones, Telegram juega con mucha ventaja. Desde sus ajustes puedes cambiar de tema entre varios predefinidos (claro, oscuro, nocturno, etc.), seleccionar colores concretos para los elementos de la interfaz y, si no te convence nada, crear tu propio tema desde cero eligiendo tono a tono.
También puedes controlar el tamaño exacto del texto de los mensajes con una barra que va desde fuentes muy pequeñas a muy grandes, algo que WhatsApp limita a tres niveles fijos. Incluso puedes modificar lo redondeadas que son las esquinas de las burbujas, o cómo se muestra la lista de chats (dos o tres líneas de vista previa).
El modo nocturno se puede programar de varias formas: en horario concreto, según la hora de salida y puesta del sol en tu zona, adaptado al nivel de luz ambiental o sincronizado con el modo oscuro del sistema. De esta forma no tienes que acordarte de ir cambiando a mano.
En cuanto al texto, Telegram facilita mucho el dar formato: al seleccionar una palabra o frase puedes aplicar negrita, cursiva, subrayado, tachado, monoespaciado o borrar el formato con un par de toques. También es muy sencillo crear hipervínculos sobre un texto, sin tener que pegar directamente la URL a lo bruto.
Los stickers y las máscaras son otro mundo aparte. Además de poder instalar paquetes de stickers personalizados y animados —y aprender a crear stickers en WhatsApp—, la app permite que, al editar una foto, añadas máscaras que se acoplan automáticamente a la cara (gafas, barbas, mascarillas, etc.), dándole un toque divertido sin salir de la propia aplicación.
Edición de fotos y vídeos dentro de la app
Telegram incorpora editores bastante completos para fotos y vídeos, por lo que muchas veces no necesitas abrir apps externas si solo quieres ajustar cuatro detalles. Al elegir una imagen o un clip para enviarlo, puedes tocar en editar y modificar parámetros como brillo, contraste, saturación, sombras o temperatura.
También puedes recortar, girar, desenfocar zonas de la imagen, aplicar filtros básicos, añadir stickers, texto o máscaras y ajustar la calidad antes de enviarla. En vídeo, además de los retoques de color, se pueden recortar fragmentos, afinar un poco la nitidez y superponer stickers.
Lo llamativo es que Telegram también permite editar fotos y vídeos después de haberlos enviado: si compartes una imagen y luego te arrepientes de cómo ha quedado, puedes reabrirla, cambiarle el aspecto o incluso reemplazarla por otra distinta desde la galería sin perder el hilo de la conversación.
En los vídeos, además, puedes insertar marcas de tiempo simplemente escribiendo el minuto y segundo (por ejemplo, 0:43) en un mensaje-respuesta. Esa marca se convierte en un enlace que, al pulsarlo, salta directamente al instante exacto sin tener que rebobinar a mano.
Todo esto se integra con la reproducción en streaming: los vídeos y audios pueden empezar a sonar antes de descargarse por completo, y si no te interesa tenerlos ocupando espacio, puedes borrarlos del dispositivo y dejarlos “solo en la nube” para recuperarlos cuando te haga falta.
Almacenamiento en la nube, caché y gestión del espacio
Una de las grandes bazas de Telegram es que funciona muy bien como almacén personal de archivos. El chat llamado “Mensajes guardados” actúa como una especie de libreta privada y disco duro en la nube donde puedes enviar todo lo que quieras conservar: documentos, fotos, enlaces, notas de voz, recordatorios, etc.
Todo ese contenido se sincroniza en todos tus dispositivos, así que puedes mandar algo desde el móvil, abrirlo en el ordenador y viceversa. Además, desde los ajustes hay una sección específica de Datos y almacenamiento donde puedes ver cuánto espacio está usando la caché y borrarla de golpe si necesitas liberar memoria.
Telegram también te permite definir cuánto tiempo quieres que se mantengan en el dispositivo los archivos a los que no accedes. Puedes configurar que el contenido multimedia que no abras en semanas o meses se borre automáticamente del almacenamiento local, sabiendo que seguirá disponible en la nube para volver a descargarlo.
En la práctica, esto hace que Telegram se convierta en una alternativa muy cómoda a servicios como Google Drive para ciertos usos cotidianos: enviar trabajos, guardar fotos sin llenar la galería del teléfono o tener siempre a mano documentos personales sin depender de un único dispositivo.
Por si fuera poco, la versión de escritorio permite exportar toda la información de tu cuenta (chats, contenidos, sesiones, contactos, etc.) desde el apartado avanzado de ajustes, algo que WhatsApp solo ofrece de forma parcial para conversaciones concretas.
Notificaciones, silencios y control fino de las alertas
Otro apartado donde Telegram va un paso más allá es en la gestión de notificaciones. No solo puedes silenciar chats de forma temporal (1 hora, 8 horas, 2 días) o indefinida, sino también decidir si quieres repetición de notificaciones cada cierto tiempo para que no se te pase un mensaje importante.
Desde los ajustes de notificaciones y sonidos se puede configurar que las alertas se repitan a los 5, 10, 30 minutos o incluso a las 2 o 4 horas. Y si en algún momento te lías tocando cosas, siempre tienes un botón para restablecer todos los ajustes de notificaciones a su estado original.
Telegram además introduce el concepto de “mensajes silenciosos”: al mantener pulsado el botón de enviar, puedes elegir mandar un mensaje que llegará sin producir sonido en el móvil del receptor, ideal para no molestar de madrugada o en momentos delicados.
Otra función útil es la posibilidad de responder con mensajes rápidos cuando cuelgas una llamada que no puedes atender. Desde los ajustes de llamadas puedes definir hasta cuatro respuestas predeterminadas y usarlas en un toque cuando te llamen por Telegram.
Y, a diferencia de WhatsApp, cuando archivas un chat en Telegram puedes elegir que, si está silenciado, no vuelva automáticamente a la lista principal cada vez que haya un mensaje nuevo. Se queda archivado y accesible desde esa carpeta, sin estar todos los días resucitando en la bandeja general.
Orden, carpetas y herramientas para no perderse entre tantos chats
Cuando tienes decenas de grupos, canales y conversaciones privadas, cualquier ayuda para organizar todo se agradece. Telegram añadió hace tiempo las carpetas de chats, que te permiten agrupar conversaciones por temática (trabajo, familia, ocio, canales, etc.) y tener pestañas en la parte superior de la pantalla principal.
Crear una carpeta es tan sencillo como ir al apartado correspondiente en ajustes, ponerle un nombre y elegir qué chats quieres incluir o excluir. Después, al volver a la lista de conversaciones, verás cada carpeta como una pestaña independiente, lo que hace mucho más llevadero gestionar docenas de grupos o canales.
La búsqueda también es más potente que en muchas otras apps. Dentro de cada conversación puedes buscar mensajes por texto, pero también por fecha concreta usando un calendario, lo que resulta muy cómodo si recuerdas que algo se dijo “más o menos a mediados de enero” y no quieres deslizar manualmente durante horas.
Otro pequeño detalle que marca diferencia: al copiar texto de un mensaje, no estás obligado a seleccionar todo. Telegram permite copiar solo un fragmento, seleccionando la parte exacta que te interesa, algo que en WhatsApp suele implicar copiar y pegar entero para luego borrar lo que sobra.
Por otro lado, los borradores de mensajes se sincronizan entre dispositivos. Si empiezas a escribir algo desde el móvil y lo dejas a medias, cuando abras la misma conversación en el ordenador o en otro dispositivo verás ese borrador esperándote, listo para terminarlo y enviarlo sin haber perdido el hilo.
Funcionalidades específicas en escritorio y versión web
La versión de escritorio de Telegram (Telegram Desktop) es algo más que un simple espejo del móvil. Para empezar, no necesita que el teléfono esté encendido ni conectado a la misma red, por lo que puedes utilizarlo como un cliente independiente en tu ordenador.
Desde ahí puedes ajustar la escala de la interfaz para que los elementos se vean más grandes o más pequeños según te convenga, activar el corrector ortográfico del sistema operativo (Windows o macOS) para que te avise de errores al escribir, y habilitar la actualización automática de la app.
Telegram Web también te sirve para gestionar cosas como el filtrado de contenido sensible en canales públicos, permitiendo que decidas si quieres que se oculten o no ciertos tipos de contenido multimedia etiquetados como delicados.
Todo este enfoque en escritorio hace que muchos usuarios usen Telegram como herramienta de trabajo, no solo como mensajería informal: es cómodo para coordinar equipos grandes, recibir archivos pesados, tomar notas rápidas o gestionar recordatorios desde “Mensajes guardados”.
Además, desde el ordenador se puede exportar la totalidad de tus datos de Telegram en diferentes formatos, algo útil si quieres hacer una copia global fuera de la plataforma o analizar tus propios usos sin depender ciegamente del servicio.
Funciones que WhatsApp ha copiado (y las que todavía le faltan)
A estas alturas, está claro que WhatsApp se inspira sin disimulo en Telegram cuando decide lanzar nuevas herramientas. Los canales de difusión, las notas de voz aceleradas, los stickers, los mensajes que desaparecen o la posibilidad de reaccionar con emojis son ejemplos claros de ideas que Telegram había probado y afinado antes.
En algunos casos, la distancia temporal ha sido de años: funciones como editar mensajes, tener canales públicos bien organizados, chats de voz grupales estilo sala de audio o vistas previas ricas de enlaces han vivido mucho tiempo solo en Telegram antes de que WhatsApp se lanzase a replicarlas.
Aun así, hay un buen número de cosas que WhatsApp todavía no ofrece o lo hace de forma mucho más limitada: no puedes, por ejemplo, usar varias cuentas de WhatsApp en una misma app con la misma facilidad que Telegram, ni crear grupos de cientos de miles de personas con toda la batería de permisos y modo lento.
Tampoco hay un sistema tan flexible de bots, ni posibilidades de editar fotos y vídeos ya enviados, crear temas personalizados al detalle, establecer autodestrucción global de la cuenta tras un tiempo de inactividad, o convertir de verdad la app en una nube personal con almacenamiento masivo.
La ironía es que, a pesar de que Telegram se queja de que WhatsApp le copia, ambas se han alimentado mutuamente: WhatsApp abrió el camino masivo de la mensajería instantánea móvil, y Telegram ha ido marcando el ritmo en funciones avanzadas, sirviéndole a su rival como fuente constante de inspiración.
Al final, esta guerra particular entre las dos plataformas hace que los usuarios salgamos ganando: quien quiera seguir en WhatsApp tendrá cada vez una app más completa gracias a esa competencia, y quien se anime a usar también Telegram descubrirá un arsenal de herramientas extra que, bien aprovechadas, convierten la mensajería en algo mucho más potente que un simple intercambio de textos.