Control parental en WhatsApp: así funcionarán las nuevas cuentas para menores

Última actualización: 19 marzo, 2026
  • WhatsApp introduce cuentas secundarias administradas por los padres para que los menores usen la app con funciones limitadas y mayor seguridad.
  • Los adultos controlan contactos, grupos y ajustes de privacidad mediante un PIN, sin poder leer el contenido de los mensajes cifrados.
  • Las cuentas secundarias bloquean desconocidos, restringen Novedades y desaparecen al alcanzar la edad mínima, con opción de extender la supervisión.

Control parental en WhatsApp

WhatsApp está a punto de dar un giro importante en cómo gestiona las cuentas de menores con la llegada de un modo específico de control parental basado en cuentas secundarias. Hasta ahora, los niños y adolescentes usaban la app prácticamente igual que los adultos, algo que generaba mucha inquietud en familias y expertos en seguridad digital.

Con esta novedad, la plataforma de mensajería de Meta quiere ofrecer más protección y supervisión familiar sin renunciar al cifrado de extremo a extremo que impide que terceros lean los mensajes. Es decir, los padres podrán tener mucho más control sobre con quién y cómo se comunica su hijo, pero sin espiar el contenido de las conversaciones.

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Qué es el nuevo control parental de WhatsApp y cómo funciona

La gran novedad es la creación de las llamadas cuentas secundarias o cuentas administradas por los padres, un tipo de perfil pensado para menores que funcionará siempre vinculado a una cuenta principal de un adulto (padre, madre o tutor legal).

En la práctica, esto significa que un mismo adulto podrá gestionar desde su propio móvil la configuración de seguridad y privacidad de una o varias cuentas infantiles. Todo se hará de forma centralizada y con una interfaz que WhatsApp está diseñando para que sea sencilla y rápida de usar, incluso para quien no sea especialmente tecnológico.

Estas cuentas secundarias están orientadas a que los menores utilicen WhatsApp de manera más limitada, centrada en la mensajería privada y las llamadas básicas con personas de confianza. Se eliminan así muchas funciones accesorias que pueden resultar más delicadas a determinadas edades.

WhatsApp ha dejado claro que el modo de control parental no permitirá leer los mensajes del menor. El cifrado de extremo a extremo sigue siendo intocable: solo el emisor y el receptor pueden ver el contenido de los chats, y eso no cambia ni siquiera con el control parental activado.

Lo que sí se contemplan son informes y avisos ligados a la actividad general de la cuenta secundaria: cambios en la configuración, nuevas altas de contactos, bloqueos o denuncias, intentos de entrar en grupos, etc., siempre sin mostrar el texto de las conversaciones.

Configuración de cuenta secundaria en WhatsApp

Cuentas secundarias: qué pueden y qué no pueden hacer los menores

Las cuentas secundarias están pensadas como un entorno más acotado, donde las opciones están recortadas para reducir riesgos de acoso, contactos indeseados o exposición a contenido inadecuado. No es una versión «de prueba», sino una experiencia de uso adaptada a la edad.

En estas cuentas, los menores podrán utilizar lo esencial de WhatsApp: chats privados y llamadas con personas aprobadas. La idea es que puedan hablar con familia, amigos cercanos o compañeros de clase, pero sin la misma libertad que tendría un adulto a la hora de moverse por la app.

Entre las limitaciones confirmadas, destaca que no tendrán acceso a la pestaña de Novedades, donde se agrupan Estados y Canales. De esta forma se evita tanto que compartan fotos o vídeos de forma más pública como que exploren contenido potencialmente dañino o poco apropiado para su edad.

Además, en las cuentas secundarias no estará disponible el bloqueo de chat, una función que en las cuentas normales permite ocultar conversaciones detrás de una capa extra de seguridad. De este modo, se evita que ciertos chats queden escondidos sin que los padres puedan ver que existen (aunque, de nuevo, no puedan leer su contenido).

Otra medida relevante es la limitación de ciertas funciones más avanzadas: no habrá canales, estados ni herramientas de Meta AI para estos perfiles, y los mensajes temporales desaparecerán de los chats individuales, de forma que las conversaciones no se autodestruyan sin dejar rastro visible al adulto responsable.

Edad mínima y marco legal: a qué menores está dirigido

La normativa sobre edad mínima varía según el país, y WhatsApp tiene que adaptarse a las leyes de protección de datos de cada territorio. En general, la plataforma establece que hay que tener al menos 13 años para crear una cuenta, aunque en algunos lugares la edad es superior.

En España, por ejemplo, la edad mínima para usar servicios digitales sin consentimiento parental es de 14 años. Esto significa que todos los usuarios por debajo de esa edad necesitan la aprobación de sus padres o tutores para utilizar aplicaciones como WhatsApp.

El sistema de cuentas administradas por los padres está precisamente pensado para cubrir esa franja en la que los niños empiezan a tener móvil antes de cumplir la edad legal para gestionar por sí mismos su presencia digital. Suele coincidir con los últimos cursos de Primaria y el inicio de la ESO.

Cuando un menor no alcanza ese umbral de edad, la idea es que no cree una cuenta estándar por su cuenta, sino que pida a su padre, madre o tutor que genere una cuenta secundaria con parámetros específicos y restricciones adaptadas.

Además del control técnico, esta vinculación tiene un trasfondo legal: la responsabilidad sobre la cuenta recae en el adulto que la administra, lo que encaja con las exigencias de consentimiento y supervisión que recoge la normativa de protección de datos.

Cómo se configura una cuenta secundaria paso a paso

WhatsApp está trabajando en un asistente de configuración bastante guiado para que los padres puedan crear la cuenta secundaria sin complicarse la vida. El proceso se inicia desde la cuenta principal del adulto, dentro de la propia app.

Según las pantallas que se han visto en la beta, tras una primera bienvenida, la aplicación pedirá que el tutor tenga su móvil y el del menor uno al lado del otro. Habrá que escanear un código QR desde el teléfono del niño para vincular ambos perfiles y establecer la relación entre cuenta principal y cuenta secundaria.

Una vez hecho el enlace, llega el momento de fijar las medidas de seguridad. Uno de los pasos clave es la creación de un PIN parental de 6 dígitos, que servirá como llave maestra para impedir que el menor cambie la configuración por su cuenta o acepte invitaciones sin supervisión.

Ese PIN se utilizará, por ejemplo, para abrir la carpeta de solicitudes de mensajes de desconocidos o para aprobar que el menor entre en un nuevo grupo de WhatsApp. Sin el código, el niño no podrá saltarse los límites que se han definido.

La restricción asociada a la cuenta secundaria se mantendrá hasta que el adulto decida desactivarla o hasta que el menor alcance la edad permitida para tener una cuenta estándar. En ese momento, se podrá desvincular la cuenta del progenitor y pasarla al modo normal, si la familia lo considera oportuno.

Control de contactos, grupos y bloqueo de desconocidos

Uno de los pilares del nuevo control parental está en la gestión de contactos. De serie, las cuentas secundarias aplicarán un bloqueo automático de contactos desconocidos, de forma que solo puedan escribir y llamar aquellas personas que hayan sido aprobadas o añadidas siguiendo las normas marcadas por los padres.

Por defecto, los mensajes que lleguen de números no guardados irán a una carpeta de solicitudes de mensajes protegida por el PIN parental. De este modo, el menor no verá directamente esos chats, y serán los adultos quienes revisen primero si se trata de alguien de confianza o de un contacto sospechoso.

Cuando el niño añada a alguien nuevo a su agenda, los padres recibirán avisos sobre esa actividad. Lo mismo ocurrirá si bloquea o denuncia un contacto. No se mostrarán los mensajes intercambiados, pero sí la acción realizada, lo que ayuda a detectar posibles problemas de acoso o situaciones incómodas.

En cuanto a los grupos, el control es todavía más estricto. La configuración por defecto establece que solo el padre, madre o tutor que administra la cuenta puede añadir directamente al menor a un grupo. Es una manera de frenar las típicas invitaciones masivas a grupos donde puede haber desconocidos.

Si la invitación viene de terceros, se enviará como un enlace de invitación que deberá ser aprobado introduciendo el PIN parental. Hasta que el adulto no lo autorice, el menor no podrá unirse a ese grupo. Esta capa de supervisión permite decidir caso por caso en qué entornos sociales digitales participa el niño.

Privacidad, cifrado y qué información ven los padres

Una preocupación habitual de muchas familias es dónde está el límite entre supervisar y espiar. WhatsApp insiste en que, incluso con este modo, la privacidad de las conversaciones sigue protegida por el cifrado de extremo a extremo. Ni los padres, ni Meta, ni nadie más pueden leer el contenido de los mensajes.

La app mantiene su filosofía: solo emisor y receptor tienen acceso al texto, fotos, vídeos o notas de audio que se intercambian en un chat. El control parental actúa sobre quién puede contactar, qué grupos se pueden aceptar y qué tipo de actividad se permite, pero no abre la puerta a leer conversaciones.

Lo que sí se contempla es que el adulto reciba información contextual sobre la actividad de la cuenta secundaria. Por ejemplo: avisos cuando se añade un contacto, cuando se bloquea o denuncia a alguien, cuando se produce un cambio importante de configuración o cuando se intenta entrar en un nuevo grupo.

Esta información no incluye el contenido de los mensajes, pero sí permite detectar patrones sospechosos, como contactos insistentes, nuevos números que aparecen de golpe o comportamiento que pueda indicar acoso o grooming.

Además, las cuentas secundarias también mantendrán herramientas clave de seguridad como el bloqueo y reporte de contactos problemáticos o el silencio de llamadas de números desconocidos, funciones ya presentes en las cuentas normales que resultan especialmente útiles en el entorno infantil.

Herramientas de privacidad actuales para reforzar la seguridad

Más allá de este nuevo modo, ya hoy es posible mejorar bastante la protección de un menor en redes sociales tocando las opciones de privacidad que WhatsApp incluye en cualquier cuenta. Conviene repasarlas con el adolescente y dejar claro para qué sirve cada una.

Una de las más relevantes es la de «Visto por última vez» y el estado «En línea». Desactivar o restringir esta información reduce la presión de tener que contestar al momento, algo que puede generar ansiedad en chavales que sienten que siempre tienen que estar disponibles.

También es clave revisar la foto de perfil. Lo recomendable es que no muestre información demasiado identificable (uniformes, lugares concretos, matrículas…) y que su visibilidad se limite a «Mis contactos». Así se evita que extraños puedan ver esa imagen si consiguen el número del menor.

El apartado «Sobre nosotros» suele pasarse por alto, pero es importante que no incluya datos personales ni pistas sobre rutinas (colegio, barrio, horarios, etc.) para reducir riesgos de robo de identidad o de localización de la vida real.

En el caso de los Estados, conviene recordar al niño que no comparta ubicaciones en tiempo real ni información sensible en estas actualizaciones, y que mantenga el círculo de personas que pueden verlos lo más restringido posible.

Otra opción interesante es desactivar los recibos de lectura (doble tick azul). Al hacerlo, ni el menor sabrá si otros han leído sus mensajes, ni los demás podrán ver si él ha leído lo que le han enviado. Esto rebaja expectativas y urgencias a la hora de responder.

Por último, la opción de silenciar llamadas de desconocidos permite que solo los contactos guardados puedan llamar al menor por WhatsApp. Es una barrera muy útil frente a intentos de contacto no deseado o spam.

Todas estas configuraciones pueden ajustarse para «Todos», «Mis contactos», «Mis contactos excepto…» y «Nadie», lo que da margen para adaptar el nivel de exposición a la realidad de cada familia y a la madurez del menor.

Estado de desarrollo, versiones beta y futuro despliegue

El modo de control parental con cuentas secundarias aún se encuentra en fase de desarrollo avanzado. Las primeras evidencias han aparecido en distintas betas de WhatsApp para Android, identificadas por fuentes como WaBetaInfo.

Se han visto referencias a esta función en versiones como la beta 2.26.1.30 y la actualización 2.26.3.6, ambas dentro del programa de pruebas de Google Play. En ellas ya se vislumbran el concepto de cuenta secundaria, las restricciones de funciones y el sistema de PIN de 6 dígitos.

A día de hoy, WhatsApp no ha comunicado una fecha oficial de lanzamiento para todos los usuarios. Lo que sí ha confirmado es su intención de desplegar las cuentas administradas por los padres de forma global en una próxima actualización, una vez pulidos los detalles.

La compañía ha detallado en sus comunicados que, cuando la función llegue al público general, los padres necesitarán el teléfono que compraron para su hijo y su propio dispositivo para completar la vinculación inicial. A partir de ahí, el control se gestionará desde la cuenta adulta.

Cuando el menor alcance la edad mínima para tener una cuenta estándar, WhatsApp enviará una notificación tanto al adolescente como al tutor avisando de que esa cuenta puede convertirse en una cuenta normal. El padre o madre podrá entonces decidir si quiere mantener un tiempo más el modo supervisado.

Qué ocurre cuando el menor cumple la edad mínima

Las cuentas administradas por los padres no están pensadas para ser permanentes. Tienen sentido mientras el niño no llega a la edad legal para gestionar sus propios datos y mientras la familia considera que necesita un nivel alto de tutela.

Cuando el menor cumple la edad mínima fijada en cada país, WhatsApp iniciará un proceso de transición. Tanto el usuario como el progenitor recibirán un aviso anticipado en el que se explica que esa cuenta puede pasar al modo estándar de la app.

En ese momento, la plataforma ofrecerá la opción de retrasar el cambio hasta 12 meses adicionales. Es decir, aunque el adolescente ya tenga la edad mínima, los padres pueden decidir mantener un tiempo más la supervisión mientras comprueban que sabe manejarse con responsabilidad.

Si la familia decide dar el paso, se desvinculará la cuenta del progenitor y se eliminarán las limitaciones propias del modo secundario, convirtiéndola en una cuenta normal, con acceso a todos los apartados de WhatsApp y sin necesidad de aprobación parental para los grupos, contactos o funciones.

Si prefieren esperar, el modo de control parental seguirá activo y la transición se podrá hacer más adelante, ajustándose al ritmo y madurez de cada chico o chica, algo que muchas familias valoran para poder acompañar mejor esa fase tan delicada.

Con este nuevo enfoque, WhatsApp intenta encontrar un equilibrio realista entre seguridad y privacidad: los padres ganan herramientas para supervisar contactos, grupos y configuración, mientras que los mensajes siguen siendo privados. Bien configurado y combinado con diálogo y educación digital en casa, este sistema puede convertirse en una ayuda potente para que los más jóvenes entren en el mundo de la mensajería instantánea de una forma mucho más segura y controlada.